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Cromatografías

Pinturas realizadas entre 2016-2018, con tintes y acuarelas sobre papel de diferentes formatos.
Con esta serie indago sobre cómo se ordenan las cosas: el azar, el caos, el control, la incertidumbre; sobre lo que ocurre sin poder prever, y hasta qué punto quiero o puedo controlar.
Los resultados, comunican y hacen partícipes al espectador de sensaciones que parten desde la curiosidad hacia lo lúdico, sencillo y accesible.
Las Cromatografías nos resultan familiares. Invitan a la contemplación placentera, parece que ya se vieron antes pero todas son diferentes. Podríamos decir que poseen una configuración arquetípica que vincula el mundo físico, lo que se ve, con el psíquico y cada espectador ve algo diferente: células, planetas, paisajes, abismos, flores…Su forma recuerda a los Mandálas, que en sánscrito significa “circulo mágico”. Según Jung, este símbolo es una imagen arquetípica que representa la totalidad del alma humana, el fenómeno de la divinidad encarnada en el ser humano.
El procedimiento consiste en preparar minuciosamente el papel y verter la pintura con una actitud de meditación, dejando que el orden fluya sin que el pensamiento intervenga. Así el color se mezcla aleatoriamente dependiendo de diferentes factores, como la cantidad de agua, de pigmento, tinte, el lugar en el que se depositó la mancha, la calidad del papel. Todo esto sin prever con exactitud como se van a comportar estas variables y preguntándonos si lo que ocurre es por causa del azar o de lo incontrolable. Atendiendo a los órdenes de la física, a lo aleatorio e impredecible lo llamamos azar, en oposición a un orden claro. Sin embargo, el caos es un desorden que se va ordenando en sistemas difíciles de controlar y la incertidumbre nos coloca en una situación de imprevisibilidad.
Aunque en la realización de las cromatografías existe una voluntad detrás que elige los colores, estos se disponen “al azar” en el papel. Después, las variables pueden generar cambios importantes que no podemos controlar. Se observa un sistema caótico que se ordena más allá de la intervención y, a pesar de lo impredecible hay una combinación de muchos factores que configuran el resultado final, haciendo diferentes formaciones, efectos y acumulaciones de color.
Es aquí donde encuentro la magia de la poética, porque al margen de tomar estas pequeñas decisiones realizadas en modo zen, actúo como vehículo para que la pintura “sea”, más allá de mi subjetividad.